
Venus tiene un tamaño y composición muy similar a la Tierra y es nuestro vecino más cercano entre los planetas del Sistema Solar, así que cabría esperar que fuese prácticamente un hermano gemelo de la Tierra. Por el contrario, su evolución geológica y atmosférica ha seguido un camino completamente divergente del nuestro.
Desde el punto de vista ambiental, Venus es un completo infierno con temperaturas cercanas a los 500 ºC y una enorme presión atmosférica 90 veces superior a la terrestre. Estas condiciones están provocadas por un efecto invernadero descontrolado : todo el CO² que generan los volcanes se ha acumulado en la atmósfera, que actúa como una manta que no deja salir el calor. Venus es una grave advertencia de la situación extrema a la que podemos llevar a nuestro planeta si continuamos quemado combustibles fósiles.
Afortunadamente, la Tierra todavía tiene un clima mucho más benigno que Venus, principalmente por dos motivos: está un poco más lejos del Sol, por lo que recibe menos energía, y, mucho más importante, ha desarrollado a lo largo de su evolución mecanismos para enterrar el CO² en forma de rocas.
En estos mecanismos terrestres de secuestro de CO² juegan un papel crucial dos elementos: los océanos y la vida.
Lo que nos salva de una manta de CO²
La materia orgánica enterrada (restos de seres vivos, principalmente acumulados en forma de carbón, gas y petróleo) es uno de los principales depósitos que contienen carbono sustraído de la atmósfera. Pero mucho más importante en volumen es la producción de calizas, principalmente por acumulación de esqueletos calcáreos, conchas de microorganismos marinos que se forman utilizando carbono que originalmente provenía de la atmósfera.
Venus hace mucho que alcanzó temperaturas tan altas que hicieron hervir por completo sus océanos, y si en algún momento albergó vida similar a la terrestre, sólo puede haberse refugiado en las nubes , donde las temperaturas son más benignas. Así que venus no cuenta con animales de concha que puedan absorber CO².
La refrigeración de la tectónica de placas
Pero las diferencias entre la Tierra y Venus no son sólo ambientales: su evolución geológica, que está controlada por la evolución de los mecanismos que emplean los planetas para liberar el calor, han seguido también caminos completamente divergentes.
La Tierra se enfría gracias al reciclado continuo de la litosfera (la capa rígida y fría más externa del planeta) en su interior. Este proceso se conoce como tectónica de placas. Si esta capa fuera completamente continua y estática funcionaría como una manta térmica que atraparía el calor en el interior. En cambio, Venus, con una cantidad de energía interna similar a la Tierra, por lo que sabemos, actualmente no presenta tectónica de placas. ¿Cómo hace entonces para expulsar el calor?
Desde la Universidad Complutense acabamos de publicar un artículo en Earth and Planetary Science Letters que explica una anomalía: la litosfera de Venus no es homogénea y hay diferencias significativas de espesor entre el norte y el sur. Y este hecho afecta a la distribución de sus volcanes, y a la posibilidad de enfriar su interior.
El extraño reparto de volcanes
Venus es el planeta con mayor número de volcanes del Sistema Solar, con más de 85 000 estructuras volcánicas identificadas en su superficie, superando con creces a la Tierra (que posee alrededor de 1 500). Lo que hemos encontrado es que en el norte de Venus, la litosfera es más delgada, y aparecen más del doble de volcanes que en el sur, donde es más gruesa.
Esta correlación tiene todo el sentido, dado que una litosfera delgada implica una mayor salida de calor y más facilidad para generar volcanes que una litosfera gruesa. Esta característica, que había pasado inadvertida hasta ahora, resulta crucial para entender cómo pierde el calor interno Venus.
Hasta ahora se conocía la existencia de una zona especial en la superficie a la que conocemos como anomalía BAT , por los nombres de tres regiones elevadas volcánicas Beta, Atla y Themis. Se trata de una zona con una alta concentración de volcanes. La novedad aportada por este estudio es que el resto del planeta fuera de BAT tiene un comportamiento estadísticamente diferente entre el norte y el sur.
Para llevar a cabo el trabajo, hicimos análisis de las características de la litosfera (espesor y distribución de cargas) y la corteza a partir de los datos de gravedad y topografía obtenidos de la sonda Magallanes, lanzada por la NASA en 1989 y que orbitó Venus durante cuatro años.
Los datos geofísicos se han categorizado espacialmente empleando un mapa de provincias geológicas. Al cruzar los datos de la geología con los modelos geofísicos de la litosfera ha salido a la luz el descubrimiento de la diferencia entre el norte y el sur. Todos los resultados han sido analizados con métodos estadísticos avanzados para confirmar las diferencias encontradas.
De momento no existe una única explicación posible para el origen de la diferencia de espesor litosférico entre el norte y el sur, pero a partir de este trabajo los modelos evolutivos que desarrollamos para explicar Venus deberán dar cuenta de esta característica de importancia global.
Ignacio Romeo Briones no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.