
Mientras los mercados mexicanos dormían en el Día de Muertos, en Wall Street reinaba un extraño “modo zombi”. Lejos de mostrar el nerviosismo propio de las horas previas a que millones de estadounidenses salgan a votar, los financieros parecían estar en total calma. Este comportamiento sorprende a cualquiera: los precios del petróleo cayeron para dar una tregua y el peso mexicano ganó terreno, rompiendo por completo la idea de que unas elecciones tan importantes debían desatar el pánico.